“Las observaciones y vivencias del solitario taciturno son al mismo tiempo más confusas y más intensas que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves, más extraños y nunca exentos de cierto halo de tristeza. Ciertas imágenes e impresiones de las que sería fácil desprenderse con una mirada, una sonrisa o un intercambio de opiniones le preocupan más de lo debido, adquieren profundidad e importancia en su silencio y devienen vivencia, aventura, sentimiento. La soledad engendra lo original, lo audaz e inquietantemente bello: el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito”.

—La muerte en Venecia, Thomas Mann.

jueves, 1 de febrero de 2018

El declive


Primero la caída
al golpear contra la espalda.
Yacer
sobre unos huesos
de unos otros, compost
de manos o ilusiones que aguardaron
una ayuda o un respiro,
alguna tierra.

No ver jamás esa gran bóveda
hacerse noche más arriba.

Y aún escurrir
entre unos huesos,
vieja arena en el desierto.

Ser
cada parte de nosotros
una vértebra, una tibia.

Ser
cada parte de nosotros
un espectro aún con carne.

Perdóname, madre.
Perdóname, hermana.
Perdonad
los que llevasteis luz
a la uña leve
de mi efigie.

Y sabed
que alguna vez he de llegar
al fondo,
el que me espera.

Ser solo radiografía.

Y allí encontrar
que ya no hay tierra,
ni siquiera entre la boca
               de los muertos.



jueves, 29 de junio de 2017

Los pájaros y la nieve


Te cuento los días y la danza
de los pájaros,
la pesada redondez de los relojes.

Digo,
cuéntame de su danzar sin rumbo
los activos rasgos de su vuelo
y habla,
habla sin cesar del mundo
como siendo el mundo
el opaco y centro en tu retina,
la corteza y manto de su tierra.

Cualquier palabra: estratosfera.
Cualquier palabra que me esconda
y no decirte,
no decirte que...

Cuando no me ves
estamos
espalda contra espalda 
y tras nosotros
aún más aire y más escena
y queda
oculta al ojo la materia
en la estrechez visible
de mirar al frente.

Pues no es ver, sino intuir
un reverso del presente
en nuestra espalda
y presentir
la nieve blanca que no es blanca
sin nombrarle blanco a sus matices.

Saber aún que si cubriera,
por decir: un continente,
pareciera ser borrado
de la tierra
por la mano inquieta
de algún niño.

Como un futuro que se desvanece.

Cualquier palabra: estratosfera.
Cualquier palabra que me esconda
y no decir...

que odio el amor y no te odio,
a pesar de la verdad
de que te amo.

Y hablar del tiempo y sus escalas.
La nieve virgen que no es blanca
sin dejar de lado a sus matices.

Decir que soy el ave
que se queda y ama
     mientras la nieve
          sigue
cayendo.


sábado, 22 de abril de 2017

Holograma


He llegado aquí
como el viento a la costa
y diré
que no entiendo el nacimiento
desde entonces.

Y es
desenredar un holograma
que no logro deshacer
o mirar una sombra
circular durante el día.

Una sombra no es un objeto.
Una sombra nunca encuentra
la posición del objeto,

pero si la sigues
puedes intuir su forma.

Una pulpa de medusa escapa
de mi boca y habla
en el lenguaje horizontal del agua.
Y es 
como ser lanzada 
entre el océano y la tierra.

Pues no es el mar ni la ola brava
quien enrojece las banderas,
sino la inseguridad del hombre.

Yo también he intentado rasgar la piel,
la superficie escama de esos hombres:
Solo hallé más superficie.

Y es
como sembrarse en la tierra y ver
el flotar de pétalos unidos
con telaraña iridiscente
solo visible con el sol,

o no encontrar una palabra
que lo abarque todo.

Y he llegado aquí
para dejar constancia 
de que el mundo
es como llenarse el vientre
en cada ráfaga
de nidos huérfanos y huevas
que tampoco sabrán cómo
ni dónde existir.



martes, 21 de marzo de 2017

El ciprés



Nací siendo mujer y siento
no tener memoria de ese llanto.
Ese momento inconsciente
de abrir los ojos y no rendirme
al no ver nada, de temer
que no haya más que ver
tras el ópalo del iris, las pupilas;
ese momento
de ser ciega y ser pequeña
y normal.

Saber que no viví pegada al muro,
que me fui acercando lentamente,
envuelta en voces que decían: camina
erguido, mantente erguida, hija,
destruye lo que fuiste al nacimiento.
Destruye hasta no sepas quién eres 
y cuando no lo sepas cede
a lo que debes ser: mujer.

Nací siendo mujer, cualquier mujer
porque me habitabais todas.

Y no era mujer gastada y siento
no poder volver ni recordar
ese momento
de no saber mi forma dada,
de saber
que la forma que tuve 
en el curvo cuerpo de mi madre, 
no era mi forma.

Cuando nací, sin conocer aún
los bordes áureos del otoño,
el fluir del agua en roca y tierra
y no había edificios: 
si los había,
no conocía su palabra.

No era ahora, no había mujer deriva,
mujer que se aprende y se deforma,
se deformó
en el mismo instante en que nacía.

Y ahora camina erguida, 
siempre erguida.
y siempre cree que estuvo allí,
ya estuvo allí.

Quiero decir
que he llegado a ese muro 
y no hay nada, 

que soy mujer,
que ahora soy mujer
y tú dirás que he aprendido.

Mas nunca le pidas amor a una muerta.



martes, 31 de enero de 2017

El vuelo



«No les gustaba la lectura, sino presumir de que habían leído.»
—Anónimo.
«Lector, ya conoces a tan delicado monstruo,
—lector hipócrita— ¡tú, mi prójimo, mi hermano!»
—Charles Baudelaire.

Es el día en la ventana y la noche en tu cabeza.
Todo mes, abril;
todo sintagma un fallo 
rescatado de los labios de un mudo,
libros de voz silente 
sobre tus ojos de tinta seca,
de la mano donde aún reposan
los desperdicios del paraqué.

¿Para qué escribir poesía y máculas
que no leerá nadie?
¿Por qué dejar marcadas las palabras, inasibles,
sus esquinas dobladas como cicatrices de tiempo?
Para qué sino para dejar la puerta abierta
a la costumbre extrema del silencio,
una esquirla apartada de los ojos
como testimonio abrupto de lo invisible.

Para qué, digo,
para qué sino para hacer
su exclusión inevitable
como el vuelo de un insecto.

Y entonces si olvidé mi voz,
mi aliento escrito.
Si lo dejé castrado
en el tibio cuerpo de mi madre
y llevo solo este paisaje en letanía,
letras de ástato,
ambiciosas variaciones
de un verde cada vez más verde
en los recuerdos de una hoja,

pues funciona así la exactitud voluble
de la memoria.

Pero no, qué digo,
¿para qué empeñarse en perseguir
lo no explorado por el dedo índice:
la poesía, el amor?

Para qué sino para ser el pájaro
que buscando el aire
descubrió
       en su fatiga
                        el vuelo.


martes, 2 de agosto de 2016

Frontera



  A cada paso que doy
vuelve a crecer la distancia
entre mi pie y el horizonte.

Si pudiera yo alcanzar la línea última,
la placenta
que nos recubre y nos encierra en el tiempo
  en lugar de sollozar,
graparme al suelo con los dientes
   y esperar
que me contagie el aire infecto.
  vuestro pulmón herido.
   
    Y sin embargo aún no he nacido,
en posición fetal intento abrirle un hueco
al horizonte y quedo débil.
Débil, como quien practica
una cesárea al mundo
   y ahora descansa,
con un niño muerto entre los brazos.

   Salivo vuestra lactescencia,
la confesión transparente que no baña
la tinta roja de la lengua.
  vuestras palabras de leche.

Y el silencio es blanco,

   blanco en vuestra voz
que está plagada de esquinas:
cuando intentáis sonreír
   y el labio no se mueve,
cuando os retiene el cántico
   que os deja unidos,
como llevando en el ombligo
el cordón de una misma madre.
   
    Y no he nacido.
Cada paso que doy me va borrando
de la tierra y sueño,
con mi visión embrionaria yo me arrullo
  y sueño
que al fin alcanzo la frontera,
atravieso la línea última que nos encierra 
y exilio del mundo su mirada triste.




sábado, 25 de junio de 2016

La rafia

“cada reloj, cada opción, cada nuevo intento
de añadirse por fin a la gran grieta
se cristaliza,
y es como una misma puerta cerrándose
o una piedra hallando reposo en la arena
tras haberse deslizado verticalmente por el agua”
Álvaro Guijarro, Tránsito,  Pliegues del día,
Chiado editorial, 2011, página 59.


Hablar por ejemplo de la carcoma:
de los seres, de su carne,
la gruesa rafia de sus hebras,
                                 sus sinónimos.

Hablar por ejemplo de esa rafia,
                            lo que hacen
con sus bocas, sus estómagos,
               el entramado de sus fibras.


Cómo van dejando la cuchilla
                        en nuestras grietas.
Cómo van lanzando su saliva en nuestra 
                                  [lengua,
su hemoptisis.

Y lijar sus manos hasta el hueso,
                hasta que griten y sepan
que nunca volverán a estar limpias.


Rasgar su miedo y consolarles,
                                        decirles:
«No naciste asesino yo
tampoco,
y nunca nos acostumbraremos a estas murallas 
                                                     [de cuerpos.»

Que no hay por qué clavar alfileres en los ojos
                             mientras naces solo
vives
        solo
               mueres
                           solo.

Recordar no es necesario.

Así que vuelve a esconderte,
vuelve a callarte,
vuelve a volverte
           cada vez más antisocial
y entonces
conoce al menos diez personas
                 en cada día idéntico,


diez nuevas virutas de inmaculada rafia 
              arrastrando
nuevamente el mismo espectro.

Intenta respirar,
               oculta,
                  busca cambio entre unos dedos
que han dejado de creer, arañan
formas imposibles.


Y tú lo sabes,
sé que ves lo putrefacto, los gusanos
que un día simularon ser flores,
que los viste satisfechos
                                    revolcándose
en sus escombros,
en el último estertor de sus pupilas.

Hablar por ejemplo de estas redes,
                                       lo que hacen.
Aunque me hayan mutilado la lengua,
                            las palabras.


No necesito hablar
         porque tú conoces,
                   nosotros sabemos,
yo
     lo conozco.



Comprendemos
    que no querer ver,
                          ignorarlo,
                               no acercarse,
no hará que se extinga.

Cierra los ojos y observa:
                     está en lo que te rodea:
La maldición del yo y el nosotros.

Hablar por ejemplo de la rafia,
               entender de qué mentira,
                       qué aspereza nos compone

y aceptarlo.



5 de julio, 2014



sábado, 4 de junio de 2016

La restitución del nombre



Hay una onda púrpura
borrando la imagen de un espejo,
                                    sigo en mí.
Aquí hay un sauce blanco.

Aquí un recuerdo ríe
abriendo tijeras con las manos,
aquí soltaré a los perros 
deseosos de mi carne,
aquí voy a mirarles de frente.
Voy a decirles:

vuestro futuro es azul.

Estoy viendo cómo se elevan:
como un puñado de semillas
lanzadas al aire.

Pienso dejarles competir 
por su corona de espinas,
mirarles desde el fondo mientras busco
las branquias en mi cuello:

Aquí crecerán vuestros colmillos.

Y en mi campana de cristal me vuelco
y forma un vaso
que libera una bandada de pájaros,
están bullendo para desprender el musgo,
lo están grabando en la madera:

Aquí hay un sauce blanco.

Voy a dejar mi palabra
                             [en la mesilla,
y cerraré estas tijeras,
deseosas de mi carne.



lunes, 23 de mayo de 2016

Destierro

Imagen: Gorgon City - Imagination ft. Katy Menditta

Nadie sabe dónde está el hogar.
Cuándo nos desterramos
a nosotros de nosotros mismos.
En qué momento se aleja
al cerebro de lo reciente.

Nadie sabe y nada recuerdan.
Y es, en verdad, muy triste:
que llegue la hora de la muerte
sin tener constancia
de haber vivido.


sábado, 26 de marzo de 2016

Tiempo

Vladimir Kush.                                          


Puedes coger la lluvia
y comprimirla en un folio,
hacerme ver en qué cantidad,
a qué velocidad su caída.

Y yo sabré al leerte
sobre qué baldosa o hierba muere,
cómo se deshace el cielo
o se mezcla el viento
en sus tonos de gris.

Puedes hablar tanto
y tan bien de la lluvia
que mi piel se torne húmeda,
fría, y sienta
el olor inconfundible de la tierra.

Y aun así, escucha:
La lluvia nunca será tuya,
nunca podrás crearla.
Seguirá existiendo únicamente
ahí fuera: 
muda, inalcanzable, libre.


sábado, 19 de diciembre de 2015

Viraje


Al otro lado del eco:
Nadie.

En cada sonido
un pedazo de futuro
deja de existir

y el eco vuelve:
Nadie escucha.


jueves, 10 de diciembre de 2015

Mano sobre mano

Delante de los ojos,
mano sobre mano
para no derramar palabra alguna.

Si la realidad no cae del labio:
no existe.

Si no sedimenta en sílabas
y no cuelga
como racimos asimétricos
en cada oído: no existe.

Si se separa realidad y forma,
se adiestra al pensamiento
hasta moldearlo en una lámina

sin que quede en ella 
ni una mancha ni un blanco 
ni una curva de grafito:
no existe.

Si así se incrusta la palabra
y la palabra queda seca
en una llaga
y la llaga en la garganta.

Si se calcifica la voz,
se enquista,
rígida como un nexo
entre la columna y el estómago

y así convierto mi cuerpo
en casi idea,
casi transparencia o humo.

Si no vuelvo a verbalizarme,
ignoro la ventana cerrada
de vuestros oídos

y allí me quedo:
mano sobre mano,

¿Quién no existe,
dónde el yo?

martes, 8 de diciembre de 2015

Abisal



Hay una voz oculta
en el ancho de las hojas
y tal vez sea miedo,
                             y es
como doblar un junco
en la explanada frágil
de la memoria.

Sin embargo, ahora,
con las manos dormidas
y la cabeza en el suelo,
        ahora, ¿qué?

¿Soltaré acaso mi mano
de la obsesión anfibia,
borraré de mis recodos
los grabados de esperanza?

Ahora que consumo en otro
besos largos,
                        largos
como el caminar de un eco.
¿Qué haría si volviera?

¿Soplaría yo su aire
en el pulmón de otro,
sacaría el tacto húmedo
con que impregnó mi pecho?

¿No querría siquiera
correr a rellenarlo?

Sí, 
                            ya sé,
este rugido en el fondo
es el oscuro fondo de mi egoísmo,
la conciencia que golpea
con la violencia de un padre.

Y aún así,
toda la sed y el hambre
con que horadé en mí sus huellas,
toda la fluidez de brazos
con los que aún escarbo,
¿cómo dejar que se pierdan?

Escucho la voz dormida
afilarme entre las hojas
y encuentro su trampa oculta:

En cada rama de olvido
una nada me atraviesa.
                 
Ahora entiendo la pregunta:

¿Cómo querer ser justa y besar 
un lugar o un nombre
al que no pertenezco?






miércoles, 2 de diciembre de 2015

Lotus

Creedme, lo sé.
Entiendo vuestro miedo por ser raíz
o hierba única,
ser apenas fosforescencia inocua
brillando abandonada en mitad
de un páramo,

pero seguís adorando esta sociedad
envuelta
como papel de plata encerrado
en un puño,

y así la vida, vuestra insistencia
por las piedras,
de tanto roer la miseria hacia el hueso.

Y entiendo vuestro miedo
pero no os pertenezco,
porque aún prefiero ser apenas luz
lejana
latiendo abandonada en mitad
de un páramo,

porque prefiero el exilio y la vida
en la reverberación de una hoja
y exprimir la savia:
mi papel de plata con la aspereza
hacia fuera.

Y ser algo más que esta palabra
cansada ya de ser tan muda.





sábado, 7 de febrero de 2015

Solo hablar

Fotografía: ‘Scarcity of Hygienic Drinking Water in Dhaka city’ from entrant Ismail Ferdous.



En esta cucaracha panza arriba
que se niega a descomponerse,
en aquel lugar entre oscuro y ocre
donde nadie piensa en murallas caídas,
nadie sonríe a la cabeza de las moscas
y solo buscan el prado verde
y el sol intacto
y un silencio saliendo por los ojos,
yo habito.

Sigo siendo manzana que avanza
entre ingravidez y nada
al pie del árbol,
y aquí todas las manzanas se parecen,
pero por qué mienten,
por qué recoger el sidroso jugo
que les bañaba la lengua
y volverlo seco, casi piedra.

Que ya sé,
que no soy más que otra sombra
resistiendo al viejo olmo,
otra sombra
que nunca quiso la inclemencia de las flores
ni la adherencia de su tallo.

Solo hablar,
realizar el sencillo, fluido acto
de mover los labios,
atrapar el sonido entre los dientes,
nada más.

Y sin embargo,
en este insecto deprimido
nadie quiere ser de carne.
La sangre de un extraño
empapa mis tobillos.

Y aquí todas las manzanas se parecen,
pero ninguna se comprende.

 


Unborn 8.0 Brown Pointer