“Las observaciones y vivencias del solitario taciturno son al mismo tiempo más confusas y más intensas que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves, más extraños y nunca exentos de cierto halo de tristeza. Ciertas imágenes e impresiones de las que sería fácil desprenderse con una mirada, una sonrisa o un intercambio de opiniones le preocupan más de lo debido, adquieren profundidad e importancia en su silencio y devienen vivencia, aventura, sentimiento. La soledad engendra lo original, lo audaz e inquietantemente bello: el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito”.

—La muerte en Venecia, Thomas Mann.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Viraje


Al otro lado del eco:
Nadie.

En cada sonido
un pedazo de futuro
deja de existir

y el eco vuelve:
Nadie escucha.


jueves, 10 de diciembre de 2015

Mano sobre mano




Delante de los ojos,
mano sobre mano
para no derramar palabra alguna.

Si la realidad no cae del labio:
no existe.

Si no sedimenta en sílabas
y no cuelga
como racimos asimétricos
en cada oído: no existe.

Si se separa realidad y forma,
se adiestra al pensamiento
hasta moldearlo en una lámina

sin que quede en ella 
ni una mancha ni un blanco 
ni una curva de grafito:
no existe.

Si así se incrusta la palabra
y la palabra queda seca
en una llaga
y la llaga en la garganta.

Si se calcifica la voz,
se enquista,
rígida como un nexo
entre la columna y el estómago

y así convierto mi cuerpo
en casi idea,
casi transparencia o humo.

Si no vuelvo a verbalizarme,
ignoro la ventana cerrada
de vuestros oídos

y allí me quedo:
mano sobre mano,

¿Quién no existe,
dónde el yo?






martes, 8 de diciembre de 2015

Abisal


Hay una voz oculta
en el ancho de las hojas
y tal vez sea miedo,
                             y es
como doblar un junco
en la explanada frágil
de la memoria.

Sin embargo, ahora,
con las manos dormidas
y la cabeza en el suelo,
        ahora, ¿qué?

¿Soltaré acaso mi mano
de la obsesión anfibia,
borraré de mis recodos
los grabados de esperanza?
Ahora,

ahora que consumo en otro
besos largos,
                        largos
como el caminar de un eco.
¿Qué haría si volviera?

¿Soplaría yo su aire
en el pulmón de otro,
sacaría el tacto húmedo
que se impregnó en mi pecho?

¿No querría siquiera
correr a rellenarlo?

Sí, me digo,
                               ya sé,
este rugido en el fondo
es el oscuro fondo de mi egoísmo,
la conciencia que golpea
con la violencia de un padre.

Y aún así,
toda la sed y el hambre
con que horadé en mí sus huellas,
toda la fluidez de brazos
con los que aún escarbo,
¿cómo dejar que se pierdan?

Escucho la voz dormida
afilarme entre las hojas
y encuentro su trampa oculta,
en cada rama de olvido
una nada me atraviesa
                    la frente.

Ahora entiendo la pregunta:

¿Cómo querer ser justa
y besar un lugar o un hombre
al que no pertenezco?





miércoles, 2 de diciembre de 2015

Lotus


Y entiendo vuestro miedo por ser raíz
o hierba única,
ser apenas fosforescencia inocua
brillando abandonada en mitad
de un páramo,
pero seguís adorando esta sociedad
envuelta
como papel de plata encerrado
en un puño,
y así la vida, vuestra insistencia
por las piedras,
de tanto roer la miseria hacia el hueso.

Y entiendo vuestro miedo
pero no os pertenezco,
porque aún prefiero ser apenas luz
lejana
latiendo abandonada en mitad
de un páramo,
porque prefiero el exilio y la vida
en la reverberación de una hoja
y exprimir la savia:
mi papel de plata con la aspereza
hacia fuera.
Y ser algo más que esta palabra
cansada ya de ser tan muda.




lunes, 23 de febrero de 2015

Yo creo en los espejos

—'Jon and Alex' (pareja de homosexuales en San Petersburgo, Rusia), fotografía tomada en 2014 por el fotógrafio danés Mads Nissen, ganadora del 'World press photo 2015'.

“Yo creo en los espejos”
—Alejandra Pizarnik

Yo creo en los espejos,
son ellos los que destierran,
extravían
mi imagen de aquel cuerpo,

creo en los espejos, la crueldad
con que presumen, que engendran,
la culpa que rezuman
a través del ombligo, y creo

yo creo en los espejos
porque me invaden el muslo,
las piernas,
la ortiga blanca de mi lengua

y creo, yo creo en los espejos
porque me engastan el labio,
acomodan
nuevo andamio en las ojeras,

y creo,
yo creo en los espejos,
y por ellos no mirarme,
por ellos, no creer en mí.

sábado, 7 de febrero de 2015

Solo hablar

Fotografía: ‘Scarcity of Hygienic Drinking Water in Dhaka city’ from entrant Ismail Ferdous.

A Alberto Rivas y sus 'similitudes humanas'.
(Jueves, cinco de febrero de dos mil quince, jam session del Vergüenza Ajena).

En esta cucaracha panza arriba
que se niega a descomponerse,
en aquel lugar entre oscuro y ocre
donde nadie piensa en murallas caídas,
nadie sonríe a la cabeza de las moscas
y solo buscan el prado verde
y el sol intacto
y un silencio saliendo por los ojos,
yo habito.

Sigo siendo manzana que avanza
entre ingravidez y nada
al pie del árbol,
y aquí todas las manzanas se parecen,
pero por qué mienten,
por qué recoger el sidroso jugo
que les bañaba la lengua
y volverlo seco, casi piedra.
Que ya sé,
no soy más que otra sombra
resistiendo al viejo olmo,
otra sombra

que nunca quiso la inclemencia de las flores
ni la adherencia de su tallo.
Solo hablar,
tan solo el sencillo, fluido acto
de mover los labios,
atrapar el sonido entre los dientes,
nada más.

Y sin embargo,
en este insecto deprimido
nadie quiere ser de carne.
La sangre de un extraño me empapa los tobillos.
Y aquí todas las manzanas se parecen,
pero ninguna se comprende.




domingo, 1 de febrero de 2015

Anisocoria


Si me acerco una bombilla al ojo
puedo ver mi iris
aclarándose.

Hay un humano dentro.

A mi alrededor
el mundo sigue siendo
el mismo.

viernes, 23 de enero de 2015

La niña 2446

"Ellos dicen que debemos someternos y y ser uno con la Máquina.
                             (...)
¡Aplasta la Máquina de Control!
Trabaja, compra, consume, ¡MUERE!
¡Aplasta la Máquina de Control!
Pequeños esclavos felices por el salario mínimo.
                              (...)
Así vivimos nuestras vidas digitales en múltiples pantallas y nos olvidamos de que la sangre de los trabajadores engrasa las máquinas.
                               (...)
Nos hemos convertido en una nación de lobos gobernada por ovejas, propiedad de cerdos, sobrealimentados y puestos a dormir.
(...)
La explotación es contagiosa."
—Otep Shamaya en Smash the Control Machine.

La niña hinchada
está debajo
de las pestañas
y quiere
dormir,
se abre
muros de opio
en el cerebro.

Una migraña estúpida,
lleva
un def con uno
en el cuerpo,
y puede que sea
ella.

Un hilo de hueso,
un hilo de hueso.

La niña tuvo derechos
antes,
mucho antes,
pero eso fue
antes
de alistarse,
ahora,
no.

Ahora es
2446,
tiene que proteger
su número,
hay que darle palabras
breves,
cada vez más
breves
hay que hacerle
recortes.

Porque aquí
los bonsáis son descuartizados
porque son muy
pequeños
son muy
verdes
y son comida
apta
para ratas.

La niña agujereada
planea matar
a la abeja
reina,
pero dice:
tengo
suerte,
tengo
número,
y no es
tan malo,
dice,

no sería tan malo 
de no ser por tanta
abeja,
tanta abeja con su aguijón
bien alto,
de no ser por la serpiente
furiosa
que llevan por cabeza.

Y dice tengo
suerte,
dice,
tengo un cuello
acordeónico
y
me podan el bonsái
por las rodillas,
dice:
suerte.

La vida es un número:
soy la niña 2446.
La vida es un número:
soy la niña 2446.



***

Busco el nombre del autor de la fotografía que da inicio a esta entrada, por favor, si lo sabe, hágamelo saber a: aiyumi1986@gmail.com. GRACIAS.

sábado, 17 de enero de 2015

Un café y una manzana

Limelight, 1983. Foto de Ken Schles, fiesta en Nueva York,1983

"Y todo lo que la memoria más quiere
una vez fue nuestra única esperanza de ser,
y todo lo que la esperanza adoró y perdió
ya se ha convertido en memoria.
(...)
no podemos ser lo que recordamos,
ni nos atrevemos a pensar en lo que somos."
—Versos 5,6,7,8,11 y 12 de Estrofas para ponerle música (una de ellas). 
Lord Byron, Domestic pieces, 1816.

El bocado de apariencia eterna
que llamaron juventud
aún guarda un boceto tuyo
en su memoria.
Y pregunto, ¿hasta cuándo?
¿Dirás tú, algún día,
hasta aquí fui joven?
¿Sentarás tu cuerpo
ya domado en una nana
y cederás, por fin, a descansar?
¿Escucharás tú, niña enmohecida,
la confesión de tus manos?

Dime si acabará, tal vez,
la debilidad en tus piernas,
el mareante espejo.
Si regresará la sangre
por tu cara y por tu vientre.
Si volverás a ser mujer
antes de atravesarte
las clavículas, las caderas,
aún pensando:
tampoco ahora es suficiente.

Te pregunto a ti, desfasada larva,
¿Cuántos pelos más han de caer,
piel secarse, para aniquilar la raíz,
la extrema meta de tu mente?
¿Hasta cuándo arrastrarás
la idea yerma de la culpa?
¿Alimentarás, quizás ,
el restringido campo,
tus barbechos,
sin excavar después
la tierra misma con tus dedos?

Dime cuándo mirarás
la erosión en tus nudillos
y gritarás hueso infértil,
si desecharás de tu centro
el fatigado ingenio de esconderte,
lo cambiarás por la derrota
de tus síntomas.
Tan solo dime,
¿qué esperas conseguir
de la insaciable ruta de tu carne,
tu lucha siempre insatisfecha?

Tú que te miraste a los ojos
y distinguiste: aquí no hay triunfo
salvo embrión enfermo,
¿en qué esforzado paso
te estancaste?

Pero qué inútil, niña errática,
preguntar por la estulticia de tu hambre,
qué inútil en el fondo.
¿Cómo encerrar en una línea
lo que sigues viendo
y convencerte?




jueves, 15 de enero de 2015

Sumisión


Yo no permití a este día
mostrar su pálida mejilla sobre mi rostro,
no busqué el tacto frío de la tierra
como imán en mis talones.

Y sin embargo, sé,
donde nadie mira
también sigue habiendo mundo,
el carrete velado de nuestra memoria.

Yo no pedí incluirme
en el rumor absurdo de las calles,
pero sé, no es necesario
empujar al agua para que fluya.

Resisto, por ineptitud, cariátide,
nunca quise consentir al sol
abrir simétricos sus pétalos
sobre mis párpados.

Y sin embargo, sucedo.
Me mantengo esfinge, apenas
una ilusión sobre la piedra
y camino,

sin entender las horas,
sin abreviar la vida.
Tal vez existir solo sea
un disimulado acto de sumisión.




domingo, 11 de enero de 2015

Búsqueda



Alguien aprieta un poco más la brida.
Hay un anzuelo anudado hacia dentro.

Mira,
la brida deshilacha el esófago.

Hundo la caña hacia dentro,
sacudo y hundo el anzuelo, la caña,
el hombre con la cabeza hacia dentro.

Alguien cambiará este mar
por un cubo de agua sucia.

Si libertad es no oponerse
a la razón del plástico,
libertad es cubrir con brea
las ramas de mis bronquios.

Mira,
el cielo se hace borroso dentro del agua.

No quiero flotar como pez muerto,
no quiero pájaro volando
ante el perdigón de un hombre.

Solo busco el blanco, puro blanco,
y la ausencia de su óbice.

Y desde este lugar privilegiado
poder observarlo todo.




miércoles, 7 de enero de 2015

el último Ártico

"por un minuto de vida breve     
única de ojos abiertos                   
por un minuto de ver                   
en el cerebro flores pequeñas       
danzando como palabras en la     
boca de un mudo"                          
—Árbol de Diana, 5
Alejandra Pizarnik
Ver amanecer tres veces
desde el mismo tumor estático de mis pupilas.
Qué difícil mantener el cuerpo tibio
tendida sobre el Ártico.

No distinguir siquiera
la vigilancia circular del cuervo.

Qué respirar si el aire olvida,
si ya no hay ser, ente sintiente,
solo el húmedo envés de las vértebras,
la rigidez del músculo.

No alcanzo a ver al cuervo
que me devora las piernas.

Un pequeño diente es suficiente.
Una pestaña enterrada es suficiente.
Pero yo solo soy una mancha azul
tendida sobre el Ártico.

Al fondo de la luz apenas brilla
la insistencia de un graznido.



Unborn 8.0 Brown Pointer