“Las observaciones y vivencias del solitario taciturno son al mismo tiempo más confusas y más intensas que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves, más extraños y nunca exentos de cierto halo de tristeza. Ciertas imágenes e impresiones de las que sería fácil desprenderse con una mirada, una sonrisa o un intercambio de opiniones le preocupan más de lo debido, adquieren profundidad e importancia en su silencio y devienen vivencia, aventura, sentimiento. La soledad engendra lo original, lo audaz e inquietantemente bello: el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito”.

—La muerte en Venecia, Thomas Mann.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Lotus

Creedme, lo sé.
Entiendo vuestro miedo por ser raíz
o hierba única,
ser apenas fosforescencia inocua
brillando abandonada en mitad
de un páramo,

pero seguís adorando esta sociedad
envuelta
como papel de plata encerrado
en un puño,
y así la vida, vuestra insistencia
por las piedras,
de tanto roer la miseria hacia el hueso.

Y entiendo vuestro miedo
pero no os pertenezco,
porque aún prefiero ser apenas luz
lejana
latiendo abandonada en mitad
de un páramo,

porque prefiero el exilio y la vida
en la reverberación de una hoja

y exprimir la savia:

mi papel de plata con la aspereza
hacia fuera.

Y ser algo más que esta palabra
cansada ya de ser tan muda.




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