“Las observaciones y vivencias del solitario taciturno son al mismo tiempo más confusas y más intensas que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves, más extraños y nunca exentos de cierto halo de tristeza. Ciertas imágenes e impresiones de las que sería fácil desprenderse con una mirada, una sonrisa o un intercambio de opiniones le preocupan más de lo debido, adquieren profundidad e importancia en su silencio y devienen vivencia, aventura, sentimiento. La soledad engendra lo original, lo audaz e inquietantemente bello: el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito”.

—La muerte en Venecia, Thomas Mann.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Momento



Intento borrar mi geometría,
la desnutrida idea que vacila
en cada movimiento,
cada tacto,
cada palabra que flota
alrededor de mi oreja
cada día.

Y aquí todo es momento,
la imagen se extingue
sin saber si ha sucedido
y me mira,
me pregunta qué es cierto.

Qué es cierto,
               ya no lo sé.

Qué es el interior tangible
de vuestras cabezas
sino un gesto olvidado
que no entiendo

cuando os observo,
como roca sedienta que limita el mar
y os rozo,
con dedos astronáuticos os rozo,
y no os alcanzo...

...la verdad queda tan lejos.

Y no siento tristeza,
no siento más que un espacio
insulso, sedentario
y el recuerdo que miente
cuando os pienso,
como formando parte del suelo,
os veo
como estallados en cristales pequeñísimos,
ese surco donde anidabais
cuando fuisteis cuerpo sólido
y ahora no es más que una grieta
que ya no encaja.

Y allí reflecta la luz
pues no camino a solas tras la certeza
tú también buscas, ansías
la imagen nítida, 
la realidad palpable que disipe el momento 
y nos conciba para decir:
te creo.

Decir: yo he sentido
el movimiento, el tacto,
cada palabra que flota
alrededor de mi oreja,
y perduras.


domingo, 21 de agosto de 2016

Gran ciudad



Vivo en una gran ciudad,
una ciudad enorme, superpoblada,
una ciudad siempre en exceso,
siempre ocupada,
demasiado ocupada
de gente sin tiempo,
de humo
y registros
un solitario, dos solitarios,
tres mil ciento sesenta y cinco millones
de solitarios.
Vivo en una gran ciudad con grandes edificios,
una ciudad mecánica
cuyos edificios
caen para roncar
y el hombre
acaba pareciéndose más al escombro
que al hombre
cuatrocientos diecinueve mil
cien niños nacidos
que ya están solos—
Vivo en una gran ciudad en la que encuentras
tiendas para todos,
ocio para todos,
gustos para todos.
Ni un solo árbol
y solo doscientas
veinticinco mil novecientas
defunciones
al año.
Pero yo siento que vivo
en una gran ciudad
donde nunca vivió nadie,
una ciudad como una fábrica-
industria que comercia-
almacena soledades.
Y solo veo al hombre como un bloque
de hombres
que no encuentra el momento
de estirar la mano, unirse al semejante
y destruir
estas calles grandes, superpobladas
y vacías.




martes, 2 de agosto de 2016

Frontera


  A cada paso que doy
vuelve a crecer la distancia
entre mi pie y el horizonte…
Si pudiera yo alcanzar la línea última,
la placenta
que nos recubre y nos encierra en el tiempo
  en lugar de sollozar,
graparme al suelo con los dientes
   y esperar
que me contagie el aire infecto.
  vuestro pulmón herido.
   
    Y sin embargo aún no he nacido,
en posición fetal intento abrirle un hueco
al horizonte y quedo débil,
débil,
como quien practica una cesárea al mundo
   y ahora descansa,
con un niño muerto entre los brazos.
   Salivo vuestra lactescencia,
la confesión transparente que no baña
la tinta roja de la lengua.
  vuestras palabras de leche.

Y el silencio es blanco,
   blanco en vuestra voz
que está plagada de esquinas:
cuando intentáis sonreír
   y el labio no se mueve,
cuando os retiene el cántico
   que os deja unidos,
como llevando en el ombligo
el cordón de una misma madre.
   
    Y no he nacido.
Cada paso que doy me va borrando
de la tierra y sueño,
con mi visión embrionaria yo me arrullo
  y sueño
que al fin alcanzo la frontera,
atravieso la línea última que nos encierra 
y exilio del mundo su mirada triste.



sábado, 25 de junio de 2016

La rafia


“cada reloj, cada opción, cada nuevo intento
de añadirse por fin a la gran grieta
se cristaliza,
y es como una misma puerta cerrándose
o una piedra hallando reposo en la arena
tras haberse deslizado verticalmente por el agua”
Álvaro Guijarro, Tránsito,  Pliegues del día,
Chiado editorial, 2011, página 59.


Rafia* hilo de fibra sintética parecido al yute. Su fibra es tenaz, gruesa,
           desagradable al tacto. Se emplea para fabricar redes, sacos y otros
           objetos.


Hablar por ejemplo de la carcoma
de los seres de su carne
la gruesa rafia de sus hebras
                                     sus sinónimos

Hablar por ejemplo de esa rafia
                               lo que hacen
con sus bocas sus estómagos
                 el entramado de sus fibras

cómo nos van dejando poco a poco una cuchilla entre las grietas
cómo nos van dejando su saliva en nuestra lengua
su hemoptisis

Y lijar sus manos hasta el hueso hasta que griten y sepan
                                          que nunca volverán a estar limpias
rasgar su miedo y consolarlos decirles

No naciste asesino   yo 
                           tampoco
y nunca nos acostumbraremos a estas murallas de cuerpos

Que no hay por qué clavar alfileres en los ojos
                                 mientras naces solo
vives
              solo
                       mueres
                                         solo
recordar no es necesario

así que vuelve a esconderte
vuelve a callarte
vuelve a volverte
             cada vez más antisocial
y entonces
conoce al menos diez personas en cada día idéntico
diez nuevas virutas de inmaculada rafia
arrastrando nuevamente el mismo espectro

Intenta respirar esconde busca cambio
                                      entre unos dedos
que han dejado de creer arañan formas imposibles

y tú lo sabes

Sé que ves lo putrefacto los gusanos que un día
                                                           simularon ser flores
que los viste satisfechos revolcándose en sus escombros
rematando las semejanzas   en el último estertor de sus pupilas

Hablar por ejemplo de estas redes   de su rafia
                               lo que hacen
aunque me hayan mutilado la lengua 
las palabras

no necesito hablar porque tú conoces nosotros sabemos yo
                                                                             lo conozco
comprendemos 
que no querer ver ignorarlo no aceptar
                                 no hará que se extinga

Cierra los ojos y observa
                        está en lo que te rodea
la maldición del yo y el nosotros

Hablar por ejemplo de la rafia
                               entender de qué mentira
qué aspereza nos compone

y aceptarlo.


5 de julio, 2014


sábado, 4 de junio de 2016

La restitución del nombre



Hay una onda púrpura
borrando la imagen de un espejo,
                                  sigo en mí.
Aquí hay un sauce blanco.

Aquí un recuerdo ríe
abriendo tijeras con las manos,
aquí soltaré a los perros 
deseosos de mi carne,
aquí voy a mirarles de frente.
Voy a decirles:
vuestro futuro es azul.

Estoy viendo cómo se elevan,
como un puñado de semillas
lanzadas al aire.
Pienso dejarles competir 
por su corona de espinas,
mirarles desde el fondo mientras busco
las branquias en mi cuello:

Aquí crecerán vuestros colmillos.

Pero golpeo el cristal y es un vaso
donde galopa una bandada de pájaros,
están bullendo para desprender el musgo,
lo están grabando en la madera:
Aquí hay un sauce blanco.

Voy a dejar mi palabra
                             [en la mesilla,
y cerraré estas tijeras,
deseosas de mi carne.



lunes, 23 de mayo de 2016

Égida

Imagen: Gorgon City - Imagination ft. Katy Menditta


Nadie sabe dónde está el hogar.
Cuándo nos desterramos
a nosotros de nosotros mismos.
En qué momento se aleja
al cerebro de lo reciente.

Nadie sabe y nada recuerdan.
Y es, en verdad, muy triste:
que llegue la hora de la muerte
y no quede siquiera consciencia
de haber vivido.


sábado, 26 de marzo de 2016

Tiempo

Vladimir Kush.                                          


Puedes coger la lluvia
y comprimirla en un folio,
hacerme ver en qué cantidad,
a qué velocidad su caída.

Y yo sabré al leerte
sobre qué baldosa o hierba muere,
cómo se deshace el cielo
o se mezcla el viento
en sus tonos de gris.

Puedes hablar tanto
y tan bien de la lluvia
que mi piel se torne húmeda,
fría, y sienta
el olor inconfundible de la tierra.

Y aun así, escucha:
La lluvia nunca será tuya,
nunca podrás crearla.
Seguirá existiendo únicamente
ahí fuera: 
muda, inalcanzable, libre.

domingo, 13 de marzo de 2016

Ciento noventa y seis nubes


Ciento noventa y seis nubes.
Las he visto.
Siempre al otro lado de la ventana.

Busco un hogar.

Yo no he venido aquí
a por la guardería de insectos
las plagas, las chinches
a poner en cultivo a cucarachas
con Diógenes dentro.

Y hay ciento noventa y seis nubes
con forma de techo o esquina.

No he venido aquí a por el megáfono
de palabras sangrantes
ni a ser el centro, la invención
de una guerra.
No vine para arrodillarme y sostener
un cántaro en la cabeza, avergonzada 
por la amplitud de mis muslos.
No vine aquí a labrar el polvo 
hasta envejecer las manos 
y perder las uñas.

 Siempre desde el otro lado.                                                               

Puede que buscase hablar,
puede que buscase algo más que mi propio eco
y contar nubes

que el último reflujo de la piel 
esté perdiendo la memoria,
al tacto es abrazar un jersey 
que nadie ha usado todavía.
He guardado el olor y el sudor
grisblanquiazul de los charcos,
he dejado que se condensen.
                                                                         
Ciento noventa y seis nubes
sin descanso.
  
He tapiado bien las ventanas, 
                   [que no se fuguen 
mientras me marcho
para no volver.




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