“Las observaciones y vivencias del solitario taciturno son al mismo tiempo más confusas y más intensas que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves, más extraños y nunca exentos de cierto halo de tristeza. Ciertas imágenes e impresiones de las que sería fácil desprenderse con una mirada, una sonrisa o un intercambio de opiniones le preocupan más de lo debido, adquieren profundidad e importancia en su silencio y devienen vivencia, aventura, sentimiento. La soledad engendra lo original, lo audaz e inquietantemente bello: el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito”.

—La muerte en Venecia, Thomas Mann.

sábado, 4 de junio de 2016

La restitución del nombre

Imagen: Nana Ooskai por Ai Yazawa
Hay una onda púrpura
borrando la imagen de un espejo,

                                  sigo en mí.
Aquí hay un sauce blanco.

Aquí un recuerdo ríe
abriendo tijeras con las manos,

aquí soltaré a los perros 
deseosos de mi carne,

aquí voy a mirarles de frente.
Voy a decirles:

vuestro futuro es azul.

Estoy viendo cómo se elevan:

como un puñado de semillas
lanzadas al aire.

Pienso dejarles competir 
por su corona de espinas,

mirarles desde el fondo mientras busco
las branquias en mi cuello:

Aquí crecerán vuestros colmillos.

En mi campana de cristal me rebelo
y es un vaso
que libera una bandada de pájaros,
están bullendo para desprender el musgo,
lo están grabando en la madera:

Aquí hay un sauce blanco.

Voy a dejar mi palabra
                             [en la mesilla,
y cerraré estas tijeras,
deseosas de mi carne.

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