“Las observaciones y vivencias del solitario taciturno son al mismo tiempo más confusas y más intensas que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves, más extraños y nunca exentos de cierto halo de tristeza. Ciertas imágenes e impresiones de las que sería fácil desprenderse con una mirada, una sonrisa o un intercambio de opiniones le preocupan más de lo debido, adquieren profundidad e importancia en su silencio y devienen vivencia, aventura, sentimiento. La soledad engendra lo original, lo audaz e inquietantemente bello: el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito”.

—La muerte en Venecia, Thomas Mann.

martes, 26 de septiembre de 2017

Mediterráneo

El Mediterráneo es ahora
un Melocotón mecánico.

Cada mañana,
antiguos guarda-costas
se juntan en su orilla
y dan cuerda
a esa versión marítima
de la ingeniería,

y a su alrededor

oleadas de filas de cámaras de móviles
de tipos japoneses
ondean
y cubren con manzanas
los engranajes metálicos
del Melocotón.

Porque el Mediterráneo es ahora
un Melocotón mecánico,
una máquina famosa
en todo el mundo,
aunque a nosotros
nos parecía más importante
tener agua.

¡Esto es más importante!,
responden,
y dicen que alimentan con arte
un futuro
que no podremos morder.

Pero
y que quede entre nosotros—
la verdad es que la naturaleza
y el público
          tenemos
                 cada vez
                            más
                                  sed.

jueves, 29 de junio de 2017

Los pájaros y la nieve


Te cuento los días y la danza
de los pájaros,
la pesada redondez de los relojes.
Digo,
cuéntame de su danzar sin rumbo
los activos rasgos de su vuelo
y habla,
habla sin cesar del mundo
como siendo el mundo
el opaco y centro en tu retina,
la corteza y manto de su tierra.

Cualquier palabra: estratosfera.
Cualquier palabra que me esconda
y no decirte,
no decirte que...

Cuando no me ves
estamos
espalda contra espalda 
y tras nosotros
aún más aire y más escena
y queda
oculta al ojo la materia
en la estrechez visible
de mirar de frente.

Pues no es ver, sino intuir
un reverso del presente
en nuestra espalda
y presentir
la nieve blanca que no es blanca
sin nombrarle blanco a sus matices.

Saber aún que si cubriera,
por decir: un continente,
pareciera ser borrado
de la tierra
por la mano inquieta
de algún niño.

Como un futuro que se desvanece.

Cualquier palabra: estratosfera.
Cualquier palabra que me esconda
y no decir...

que odio el amor y no te odio,
a pesar de la verdad
de que te amo.

Y hablar del tiempo y sus escalas.
La nieve virgen que no es blanca
sin dejar de lado a sus matices.

Decir que soy el ave
que se queda y ama
     mientras la nieve
          sigue
cayendo.

sábado, 22 de abril de 2017

Holograma

He llegado aquí
como el viento a la costa.
Me suicidé, sí, morí
y no entiendo el nacimiento desde entonces.

Hay un holograma
que no logro deshacer,
como mirar una sombra
circular durante el día.

Una sombra no es un objeto.
Una sombra nunca encuentra
la posición del objeto,
pero si la sigues puedes intuir su forma.

Estamos aquí como lanzados
entre el océano y la tierra:
Y el mundo sufre un hundimiento
desde entonces:

Una pulpa de medusas escapa
de mi boca y habla
en el lenguaje horizontal del agua:
Y no es el mar ni la ola brava
quien enrojece las banderas,
sino la inseguridad del hombre.

Yo también he intentado rasgar la piel,
la superficie escama de esos hombres:
Solo hallé más superficie.

Y es

como mirar desde el suelo
el flotar de pétalos unidos
por esa fina telaraña
solo visible con el sol.

Qué decir
si no encuentro la palabra
que lo abarque todo.

Solo tengo el fulgor:
esta vida inquieta en las arterias
desérticas tras mi muerte.

Y estoy aquí
para dejar constancia de que el mundo
es mundo.

Y de nuestra existencia:
El no saber ni cómo
ni dónde existir.

martes, 21 de marzo de 2017

El ciprés


Nací siendo mujer y siento
no tener memoria de ese llanto.
Ese momento inconsciente
de abrir los ojos y no rendirme
al no ver nada, de temer
que no haya más que ver
tras el ópalo del iris, las pupilas;
ese momento
de ser ciega y ser pequeña
y normal.

Saber que no viví pegada al muro,
que me fui acercando lentamente,
envuelta en voces que decían: camina
erguido mantente erguida, hija,
destruye lo que fuiste al nacimiento.
Destruye hasta no sepas quién eres 
y cuando no lo sepas cede
a lo que debes ser: mujer.

Nací siendo mujer, cualquier mujer
porque me habitaban todas.

Y no era mujer gastada y siento
no poder volver ni recordar
ese momento
de no saber mi forma dada,
de saber
que la forma que tuve 
en el curvo cuerpo de mi madre, 
no era mi forma.

Cuando nací, sin conocer aún
los bordes áureos del otoño,
el fluir del agua en roca y tierra
y no había edificios: 
si los había,
no conocía su palabra.

No era ahora, no había mujer deriva,
mujer que se aprende y se deforma,
se deformó
en el mismo instante en que nacía.

Y ahora camina erguida, 
siempre erguida
y siempre cree que estuvo allí,
ya estuvo allí.

Quiero decir
que he llegado a ese muro 
y no hay nada, 

que soy mujer,
que ahora soy mujer
y tú dirás que he aprendido.

Mas nunca le pidas amor a una muerta.

martes, 31 de enero de 2017

El vuelo


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«No les gustaba la lectura, sino presumir de que habían leído.»
«Es poeta porque ama la poesía, le gusta leerse a sí mismo.»
—Anónimo.
«Lector, ya conoces a tan delicado monstruo,
—lector hipócrita— ¡tú, mi prójimo, mi hermano!»
—Charles Baudelaire.

Es el día en la ventana y la noche en tu cabeza.
Todo mes, abril;
todo sintagma un fallo rescatado
de los labios de un mudo,
libros de voz silente sobre tus ojos de tinta [seca,
de la mano acinética donde aún reposan
los desperdicios del paraqué.

¿Para qué escribir poesía y máculas
que no leerá nadie?
¿Por qué dejar marcadas las palabras, inasibles,
sus esquinas dobladas como cicatrices de tiempo?
Para qué sino para dejar la puerta abierta
a la costumbre extrema del silencio,
una esquirla apartada de los ojos
como testimonio abrupto de lo invisible.
Para qué, digo,
para qué sino para hacer
su exclusión inevitable
como el vuelo de un insecto.

Y entonces si olvidé mi voz,
mi aliento escrito.
Si lo dejé castrado
en el tibio cuerpo de mi madre
y llevo solo este paisaje en letanía,
letras de ástato,
ambiciosas variaciones
de un verde cada vez más verde
en los recuerdos de una hoja,
pues funciona así la exactitud voluble
de la memoria.

Pero no, qué digo,
¿para qué empeñarse en perseguir
lo no explorado por el dedo índice:
la poesía, el amor?

Para qué sino para ser el pájaro
que buscando el aire
descubrió
       —en su fatiga—
                        el vuelo.
Unborn 8.0 Brown Pointer