“Las observaciones y vivencias del solitario taciturno son al mismo tiempo más confusas y más intensas que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves, más extraños y nunca exentos de cierto halo de tristeza. Ciertas imágenes e impresiones de las que sería fácil desprenderse con una mirada, una sonrisa o un intercambio de opiniones le preocupan más de lo debido, adquieren profundidad e importancia en su silencio y devienen vivencia, aventura, sentimiento. La soledad engendra lo original, lo audaz e inquietantemente bello: el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito”.

—La muerte en Venecia, Thomas Mann.

miércoles, 7 de enero de 2015

el último Ártico

"por un minuto de vida breve     
única de ojos abiertos                   
por un minuto de ver                   
en el cerebro flores pequeñas       
danzando como palabras en la     
boca de un mudo"                          
—Árbol de Diana, 5
Alejandra Pizarnik
Ver amanecer tres veces
desde el mismo tumor estático de mis pupilas.
Qué difícil mantener el cuerpo tibio
tendida sobre el Ártico.

No distinguir siquiera
la vigilancia circular del cuervo.

Qué respirar si el aire olvida,
si ya no hay ser, ente sintiente,
solo el húmedo envés de las vértebras,
la rigidez del músculo.

No alcanzo a ver al cuervo
que me devora las piernas.

Un pequeño diente es suficiente.
Una pestaña enterrada es suficiente.
Pero yo solo soy una mancha azul
tendida sobre el Ártico.

Al fondo de la luz apenas brilla
la insistencia de un graznido.



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