“Las observaciones y vivencias del solitario taciturno son al mismo tiempo más confusas y más intensas que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves, más extraños y nunca exentos de cierto halo de tristeza. Ciertas imágenes e impresiones de las que sería fácil desprenderse con una mirada, una sonrisa o un intercambio de opiniones le preocupan más de lo debido, adquieren profundidad e importancia en su silencio y devienen vivencia, aventura, sentimiento. La soledad engendra lo original, lo audaz e inquietantemente bello: el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito”.

—La muerte en Venecia, Thomas Mann.

sábado, 17 de enero de 2015

Un café y una manzana

Limelight, 1983. Foto de Ken Schles, fiesta en Nueva York,1983

"Y todo lo que la memoria más quiere
una vez fue nuestra única esperanza de ser,
y todo lo que la esperanza adoró y perdió
ya se ha convertido en memoria.
(...)
no podemos ser lo que recordamos,
ni nos atrevemos a pensar en lo que somos."
—Versos 5,6,7,8,11 y 12 de Estrofas para ponerle música (una de ellas). 
Lord Byron, Domestic pieces, 1816.

El bocado de apariencia eterna
que llamaron juventud
aún guarda un boceto tuyo
en su memoria.
Y pregunto ¿hasta cuándo?
¿Dirás tú, algún día,
hasta aquí fui joven?
¿Sentarás tu cuerpo
ya domado en una nana
y cederás, por fin, a descansar?
¿Escucharás tú, niña enmohecida,
la confesión de tus manos?

Dime si acabará, tal vez,
la debilidad en tus piernas,
el mareante espejo.
Si regresará la sangre
por tu cara y por tu vientre.
Si volverás a ser mujer
antes de atravesarte
las clavículas, las caderas,
aún pensando:
tampoco ahora es suficiente.

Te pregunto a ti, desfasada larva,
¿Cuántos pelos más han de caer,
piel secarse, para aniquilar la raíz,
la extrema meta de tu mente?
¿Hasta cuándo arrastrarás
la idea yerma de la culpa?
¿Alimentarás, quizás,
el restringido campo,
tus barbechos,
sin excavar después
la tierra misma con tus dedos?

Dime cuándo mirarás
la erosión en tus nudillos
y gritarás hueso infértil,
si desecharás de tu centro
el fatigado ingenio de esconderte,
lo cambiarás por la derrota
de tus síntomas.

Tan solo dime,
¿qué esperas conseguir
de la insaciable ruta de tu carne,
tu lucha siempre insatisfecha?
Tú que te miraste a los ojos
y distinguiste: aquí no hay triunfo
salvo embrión enfermo,
¿en qué esforzado paso
te estancaste?

Pero qué inútil, niña errática,
preguntar por la estulticia de tu hambre,
qué inútil en el fondo.
¿Cómo encerrar en una línea
lo que sigues viendo
y convencerte?




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