“Las observaciones y vivencias del solitario taciturno son al mismo tiempo más confusas y más intensas que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves, más extraños y nunca exentos de cierto halo de tristeza. Ciertas imágenes e impresiones de las que sería fácil desprenderse con una mirada, una sonrisa o un intercambio de opiniones le preocupan más de lo debido, adquieren profundidad e importancia en su silencio y devienen vivencia, aventura, sentimiento. La soledad engendra lo original, lo audaz e inquietantemente bello: el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito”.

—La muerte en Venecia, Thomas Mann.

miércoles, 5 de marzo de 2025

Es lindo



No solo pasé página
y quemé el libro,
sino que había olvidado
que alguna vez lo tuve cerca.

Por eso me parece lindo cuando piensas 
que me escapé de tu marsupio,
que fuiste tú quien me creaste
a base de papel y arcilla,

que me cosí tus palabras a las manos 
y me mantengo
doblando las rodillas para bendecirte,

cuando inventas
que me grapé tus vocablos a la mente,
que hice fila a la intemperie
para verte mover la boca
como un gorila atragantado
que ha aprendido 
sus cinco primeros versos.

Cuando crees que no son
ni Plath, ni Huidobro,
ni siquiera Rimbaud o Ajmátova,
sino tus cansaforismos
los modelos de aliento
para engrasar mis engranajes.

De verdad,
cuando piensas
que no es a Pizarnik,
ni a Glück,
ni a Baudelaire siquiera,

sino que es
a tu originalidad de plástico
a la que aspiro,

me hacen cosquillas los ojos
y se me llenan de chispas
las comisuras de los labios.

Porque es lindo que creas
que no a Bashō o Kobatashi,
ni siquiera a los tomos
de Fujimoto o Sui Ishida,

sino a tus cirugías Frankenstein
de medios-términos relamidos,
fracasados,
cortaypegateados modo bucle,
a los que debo el cultivo 
de la gasolina 
que hago saltar de la chistera.

Que supongas que es
y siempre ha sido
tu prótesis ortopédica
de fingida extravagancia
la manzana roja
que me inspira

es tan esponjoso
que solo puedo sonreír
y repetir:
qué lindo.

Este poema
es tan tierno como tú.
Este poema es tan bueno
como tú.
Este poema es tan lindo
y relindo como tú.

Pero, 
entiéndeme,
a mí

siempre me han gustado 
los monstruos
bastante más deformes.


***

¡Mí al habla!

¡Me he divertido muchísimo amansando esta casicosa! De hecho, casi he sentido el jolgorio que debió experimentar Manuel Bretón de los Herreros cuando escribió aquello de A un recién poeta de pocas esperanzas, el cual resplandece así:

«Voy a hablarte ingenuamente.
Tu soneto, don Gonzalo,
Si es el primero, es muy malo;
Si es el último, excelente.»

Así que si en algún brevísimo instante, si aunque sea por error y a rastras, tú también has sonreído leyendo esto...¡Me habré pasado la pantalla!
















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