“Las observaciones y vivencias del solitario taciturno son al mismo tiempo más confusas y más intensas que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves, más extraños y nunca exentos de cierto halo de tristeza. Ciertas imágenes e impresiones de las que sería fácil desprenderse con una mirada, una sonrisa o un intercambio de opiniones le preocupan más de lo debido, adquieren profundidad e importancia en su silencio y devienen vivencia, aventura, sentimiento. La soledad engendra lo original, lo audaz e inquietantemente bello: el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito”.

—La muerte en Venecia, Thomas Mann.

lunes, 24 de marzo de 2025

Para abrigar mis sombras

«Lo mejor que te puede pasar es que te subestimen».
A.G.S., 20 de marzo de 2025, noche, en una conversación que no tenía que ver absolutamente nada con esto.


No seré orgullosa, 
ni necia,
ni arrogante

cuando mi única opción fue arrastrarme
sin sostener siquiera una lámpara de aceite
con la que encontrar algo de vida.

Nada bueno hay en la autosuficiencia
si necesitas amarrarla con fuerza 
para palpar en tus cuerdas
una décima de calor.

Pero no actuéis
como si no os hubiera dado tiempo
a iluminaros los ojos.

No actuéis
como si fuera la villana del agua y la furia
por perforar la obra viva de vuestros barcos, 
si no tuve más remedio que aprender
a usar una cola de sirena para defenderme.

Hasta las alas blancas de los pájaros
son intermitentes en las rutas del cielo
si le das la espalda al sol.

Así que no seré soberbia,
ni malvada,
ni ignorante

cuando fui forzada a encajar
las espinas de mis manos
para poder seguir trepando 
la concavidad de la tierra.

No hay nada que agradecer
a quienes me vieron velando
mi propio cadáver
con la penumbra adolorida

y aún así vinieron 
a hundirme en el cuerpo
sus maderas podridas
para acallar mis órganos.

No agradeceré la resiliencia.

No agradeceré
tener que forzarme a ser otro sonido,
ni a resistir la interferencia.

Pero si lo mejor que te puede pasar
es que te subestimen,
agradezco a mi interior
que es pequeño y está roto
y ha sido nublado de escamas,
porque antes de que os dierais cuenta
yo ya había vencido.

Y no quisiera parecer infame,
ni creerme inteligente
o apta

cuando me fue una imposición 
dar caza a los cuervos sin alas
para poder robar las plumas
con que abrigar mis sombras.

Pero no actuéis 
como si no os hubiera ofrecido linternas
para estirar los ojos,

no actuéis
como si no os hubiera dejado señales
en todos los cruces de cada camino,

porque hasta las más bellas hojas de té
ennegrecen el fondo de las tazas
si nunca se aclaran.

No debería ser engreída,
ni agradecer la sonrisa victoriosa
que respira con ansia
sobre las pústulas de mi cuello.

Pero yo ya os había dado veinte uñas de ventaja
cuando aprendí a salir del cañón entre las balas.

Porque lo mejor que te puede pasar
es que te menosprecien,
que te desdeñen,
que te absorban la vitalidad del núcleo
y la cáscara.

Antes de que os dierais cuenta
yo ya había vencido.
 
Y sí:
                      Ganar
se siente increíble.















jueves, 13 de marzo de 2025

Acahual

Acahual: Girasol, de la palabra náhuatl atl que significa agua, y cahualli que significa dejado, abandonado.



He vuelto al primer verano,
hoja anaerobia cansada 
de moverse entre huracanes
y de pensar espinas por el fuego.

Mis tallos estirando hasta espigarse
han comenzado a desenterrar 
lo frágil y a caerse.

¿Acaso no se puede sentir
el calor de la tierra?

¿Acaso no existe un lugar
donde olvide ser desplazada
a las afueras del canto 
de la hierba?

Siempre girasoles apagados:
Siempre tomando conciencia 
de sus pies atados en el barro,
siempre creándose 
surcos en la frente y exhaustos,

por siempre exhaustos,
por siempre hastiados 
del mismo mundo viajando
en el girar de sus cabezas.

Esta sensación olfativa
de estar siempre dudando
en la raíz de la frontera,
de ser de agua o ser de arena.

De no querer aburrirme
porque siempre he de ser algo,
de la fuente en plasma
de la materia.

Seguid cortando girasoles
y trasplantadlos en el cerebro
de mi pecho:

Allí donde puedan 
moverse y beber savia,
allí donde puedan 
ser nada y ser nunca,

aquel donde estar 
sin obligarse a respirar 
en serio,

a aquel lugar anaerobio 
del primer verano 
donde espigué mi fuga
y encendí el brasero de la tierra,

aquel lugar invisible
donde no existe el abandono
ni el exilio

donde el agua es la veleta
que se mueve y se para,
donde los tallos cavan alto

y las hojas
nunca se secan.















miércoles, 5 de marzo de 2025

Es lindo



No solo pasé página
y quemé el libro,
sino que había olvidado
que alguna vez lo tuve cerca.

Por eso me parece lindo cuando piensas 
que me escapé de tu marsupio,
que fuiste tú quien me creaste
a base de papel y arcilla,

que me cosí tus palabras a las manos 
y me mantengo
doblando las rodillas para bendecirte,

cuando inventas
que me grapé tus vocablos a la mente,
que hice fila a la intemperie
para verte mover la boca
como un gorila atragantado
que ha aprendido 
sus cinco primeros versos.

Cuando crees que no son
ni Plath, ni Huidobro,
ni siquiera Rimbaud o Ajmátova,
sino tus cansaforismos
los modelos de aliento
para engrasar mis engranajes.

De verdad,
cuando piensas
que no es a Pizarnik,
ni a Glück,
ni a Baudelaire siquiera,

sino que es
a tu originalidad de plástico
a la que aspiro,

me hacen cosquillas los ojos
y se me llenan de chispas
las comisuras de los labios.

Porque es lindo que creas
que no a Bashō o Kobatashi,
ni siquiera a los tomos
de Fujimoto o Sui Ishida,

sino a tus cirugías Frankenstein
de medios-términos relamidos,
fracasados,
cortaypegateados modo bucle,
a los que debo el cultivo 
de la gasolina 
que hago saltar de la chistera.

Que supongas que es
y siempre ha sido
tu prótesis ortopédica
de fingida extravagancia
la manzana roja
que me inspira

es tan esponjoso
que solo puedo sonreír
y repetir:
qué lindo.

Este poema
es tan tierno como tú.
Este poema es tan bueno
como tú.
Este poema es tan lindo
y relindo como tú.

Pero, 
entiéndeme,
a mí

siempre me han gustado 
los monstruos
bastante más deformes.


***

¡Mí al habla!

¡Me he divertido muchísimo amansando esta casicosa! De hecho, casi he sentido el jolgorio que debió experimentar Manuel Bretón de los Herreros cuando escribió aquello de A un recién poeta de pocas esperanzas, el cual resplandece así:

«Voy a hablarte ingenuamente.
Tu soneto, don Gonzalo,
Si es el primero, es muy malo;
Si es el último, excelente.»

Así que si en algún brevísimo instante, si aunque sea por error y a rastras, tú también has sonreído leyendo esto...¡Me habré pasado la pantalla!
















lunes, 3 de marzo de 2025

La redención refractaria



Para quien en desbandada 
ha escuchado
las cacofonías de su existencia,
para quien la vida es tan silencio 
que tropieza,

para quien alguna vez concluyó
que es más fácil quedarse tumbado
como los ojos secos en la pescadería
y yacer pusilánime bajo el infinito.

Para aquel que aún así 
sigue abriendo la boca al fraude 
para el desayuno
porque palpa que es más fácil
dejarse devorar por lo oscuro.

Para aquel 
que alguna vez sintiera
que no podemos escapar
de la lluvia de los relojes,
que los calendarios solo avanzan
regando huracanes sobre nosotros,

para los que solo tenemos permitido
decidir la respuesta a la escena
sin detener las gotas que diluvian
sobre nuestras manos,

a quienes nos han enseñado a pensar
que la redención está solamente
en el cielo azul, claro, brillante,
porque el barro no es más 
que un inconveniente en las aceras mojadas,
porque está mal la tentativa suicida del agua
que encapota la atmósfera.

Quienes al crujirle los huesos han notado
que en este escenario incontrolable
quieren hacernos perder el equilibrio.
Y aún así no han querido
nadar hacia el vientre o abultarlo.

Para los que nos hemos detenido
justo a esa altura 
en la que el amanecer ciega 
forzosamente el camino,
pero hemos continuado
queriendo ver las palabras 
pasar sigilosas por nuestra ventana.

Para nosotros,  
incluso si estamos confundidos,
incluso si aún no sabemos 
qué piezas contiene
nuestro telar de células,
quisiera dejar este andamio.

Para que sigamos resistiéndonos
a la invasión caníbal,
para que sigamos intentando 
mantenernos refractarios 
aunque nos revuelvan el decorado,
para que sigamos eligiendo 
no derramar el fuego.




*Refractaria: Que resiste la acción del fuego sin alterarse.













viernes, 28 de febrero de 2025

Reacción



Aquellas imágenes
que disfrutabas deformando
han empezado 
a perder el color 
de tanto uso.

Mi yo huyendo
sobre tu mano,
mi yo rizado,
se reproduce ahora
en blanco y negro
desde las llagas,
y son solo un holograma
perdiendo efecto.

El nunca serás más que esto
que nevaba entre la ventisca
de tus labios, el sutil insecto
disparado a quemarropa
desde el altavoz de tu mirada,

todo eso,
ya no significa nada.

No voy a mentir,
no voy a decir que no te odio
o que hay paz en mí,
porque tú siempre le diste
esa textura a mi alma
de óleo maloliente y arrugado.

Después de todo, 
fuiste tú quien siempre quiso 
empujarme
a las zonas más turbias y negras 
de mí misma ¿cierto?

A no distinguir el sol 
del rayo y la lluvia,
a perder el juicio
y los paraguas.

Pero no sonrías tanto ¿quieres?
Que fui yo quien apuñaló la luz
de la madrugada,
que fui yo quien tomó fuerza 
en la metamorfosis 
que impusiste 
hasta volverme más siniestra.

No fuerces tanto la comba 
de tus labios ¿puedes?
Que fui yo quien ahorcó el frío
y se hizo cálida en la borrasca,
aunque no la entienda.

Ni siquiera intenté nunca
robarte nada,
ni siquiera me ha interesado jamás
superarte en nada,
solo compartimos
haber nacido de un mismo árbol
con muchas caras.

¿Qué sucede contigo, 
entonces?
¿Qué te mostró 
esa ilusión de amenaza
con la que me alumbraste?
¿Por qué me estás haciendo
todo esto?

He intentado decirlo 
de una manera calmada,
pero voy a parar ahora
que he confesado 
para que puedas soltarme,

porque fui yo quien asesinó la luz,
fui yo quien le pasó el puñal 
por las esquinas
hasta desmigar el grito,
y solo entonces lo he entendido.

Que ya no necesito el perdón,
que ya no necesito
aceptar desproporcionadamente 
un castigo.

¿Acaso sabes qué se ve
cuando se apuñala la luz,
acaso sabes cómo se acoge
la piel rasgada al frío?

He tratado de decírtelo,
que esta enfermedad no es mía,
que he brotado de la horca
desde donde la creaste
y ya no hay forma
de creerla.

¿Crees que todo esto
ha aparecido 
desde detrás de la grieta,
que ha aparecido solo
por disparar 
hacia el vendaje?

Puede 
que aún la metralla 
me esté afectando 
la utilidad de las córneas,
puede
que aún no tolere 
mi propia saliva,

pero creo
que cada cadena que fijaste
para aislarme de la vida,
cada grillete,
me permite estar ahora en pie 
por mí misma,
incluso si ya no estoy sola.

Y pienso
que fuiste tú quien siempre 
me hizo ver tan sola,
aunque nunca lo estuve.

¿Piensas que alguna vez
lo estuve?

No voy a decir que no te odio,
no voy a intentar mentirte
como si quisiera fingir 
ser buena persona,
porque no sé si querría serlo.

Pero estoy matando
cada parte de mí
que fue tocada por tus manos,
estoy cortando la cabeza 
de todas las heridas
que dejaste en las galeras
de la infancia,

y ya no sé
qué es lo que realmente
crees que soy,
pero tampoco soy tan mala.

¿Es frustrante para ti
no haber logrado lanzarme
al acantilado de la psicopatía?
Noté el filo de tus brazos 
clavarse mientras lo intentabas.

Ya te dije:
que no sonrieras tanto,
yo tampoco 
me estoy sintiendo bien,

porque jamás intenté demostrarte
ser mejor que esto,
porque jamás me ha interesado
hacerte daño,
solo quiero alejarme.

Y aunque estas cadenas
nunca podrán romperse,
aunque permanecerán ancladas
siempre al mismo árbol,
me siento libre.

Porque fui yo 
quien apuñaló la luz
y desde entonces
no me afectas.













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