“Las observaciones y vivencias del solitario taciturno son al mismo tiempo más confusas y más intensas que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves, más extraños y nunca exentos de cierto halo de tristeza. Ciertas imágenes e impresiones de las que sería fácil desprenderse con una mirada, una sonrisa o un intercambio de opiniones le preocupan más de lo debido, adquieren profundidad e importancia en su silencio y devienen vivencia, aventura, sentimiento. La soledad engendra lo original, lo audaz e inquietantemente bello: el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito”.

—La muerte en Venecia, Thomas Mann.

domingo, 13 de marzo de 2016

Ciento noventa y seis nubes



Ciento noventa y seis nubes.
Las he visto.
Siempre al otro lado de la ventana.

Yo no he venido aquí
a por la guardería de insectos,
las plagas, las chinches,
a poner en cultivo a cucarachas
con Diógenes dentro.

Y hay ciento noventa y seis nubes
con forma de techo o esquina.

No he venido aquí a por el megáfono
de palabras sangrantes,
ni a ser el centro, la invención
de una guerra.

No vine aquí a arrodillarme 
con un cántaro en la cabeza
y sostener
avergonzada por la amplitud 
de mis muslos,
no vine a labrar el polvo 
y envejecer las manos.

Solo vine aquí a encontrar
algo más que mi propio eco,
un hogar.

Y contar nubes.

Pero lo que quedó de ti
está perdiendo la memoria:

Al tacto 
es abrazar un jersey 
que nadie ha usado todavía.

He guardado el olor, el sudor
grisblanquiazul de los charcos,
he dejado que se condensen:
                                                                         
Ciento noventa y seis nubes,
sin descanso.
  
He tapiado las ventanas
                para que no se fuguen
mientras me marcho
para no volver.













jueves, 10 de diciembre de 2015

Mano sobre mano


Delante de los ojos, 
mano sobre mano
para no derramar palabra alguna.

Si la realidad no cae del labio:
no existe.

Si no sedimenta en sílabas 
y no cuelga
como racimos asimétricos 
en cada oído: no existe.

Si se separa realidad y forma,
se adiestra al pensamiento
hasta moldearlo en una lámina
sin que quede en ella 
ni una mancha ni un blanco 
ni una curva de grafito:
no existe.

Si así se incrusta la palabra
y la palabra queda seca 
en una llaga 
y la llaga en la garganta.

Si se calcifica la voz, 
se enquista, 
rígida como un nexo 
entre la columna y el estómago

y así convierto mi cuerpo 
en casi idea,
casi transparencia o humo.

Si no vuelvo a verbalizarme,
si ignoro la ventana cerrada 
de vuestros oídos

y allí me quedo:
mano sobre mano.

¿Quién no existe
y dónde el yo?









martes, 8 de diciembre de 2015

Antítesis


Hay una voz oculta
en el ancho de las hojas,
y tal vez sea miedo,
                             y es
como doblar un junco
en la explanada frágil
de la memoria.

Sin embargo, 
                     ahora,
con las manos dormidas
y la cabeza en el suelo,
        ahora, ¿qué?

¿Soltaré acaso mi mano
de la obsesión anfibia,
borraré de mis recodos
los grabados de esperanza?

             Acaso, ahora

Ahora que consumo en otro
besos largos,
                        largos
como el caminar de un eco.

¿Qué haría si volviera?

¿Soplaría yo su aire
en el pulmón de otro,
sacaría el tacto húmedo
subterráneo de mi pecho

...sin querer siquiera
volver a rellenarlo?

Y en verdad 
sé que este rugido en el fondo
es el oscuro foco 
                            de mi egoísmo,
la conciencia que golpea
con la violencia de un padre.

Y aún así,
toda la sed y el hambre
con que horadé en mí 
                               sus huellas,

toda la fluidez de brazos
con los que aún escarbo,
¿cómo dejar que se pierdan?

Escucho la voz dormida
afilarme entre las hojas
y encuentro su trampa oculta.

               Ese era el interrogante:

¿Cómo querer ser justa 
                                       y besar 
un lugar o un nombre
al que no pertenezco?











miércoles, 2 de diciembre de 2015

Fosforescencia



Creedme, lo sé.
Entiendo vuestro miedo 
por ser raíz o hierba única,
ser apenas fosforescencia inocua
brillando abandonada 
en mitad de un páramo,
pero seguís adorando 
esta sociedad envuelta:

como papel de plata encerrado
en un puño, y así la vida, 
vuestra insistencia por las piedras,
de tanto roer la miseria hacia el hueso.

Y entiendo vuestro miedo
pero no os pertenezco,
porque aún prefiero 
ser apenas luz lejana
latiendo abandonada 
en mitad de un páramo,
porque prefiero el exilio y la vida
en la reverberación de una hoja

y exprimir la savia:
mi papel de plata con la aspereza
hacia fuera.

Y ser algo más que esta palabra
cansada ya de ser tan muda.









sábado, 7 de febrero de 2015

Solo hablar

Fotografía: ‘Scarcity of Hygienic Drinking Water in Dhaka city’ from entrant Ismail Ferdous.



En esta cucaracha panza arriba
que se niega a descomponerse,
en aquel lugar entre oscuro y ocre
donde nadie piensa en murallas caídas,
nadie sonríe a la cabeza de las moscas
y solo buscan el prado verde
y el sol intacto
y un silencio saliendo por los ojos,
yo habito.

Sigo siendo manzana que avanza
entre ingravidez y nada
al pie del árbol,
y aquí todas las manzanas se parecen,
pero por qué mienten,
por qué recoger el sidroso jugo
que les bañaba la lengua
y volverlo seco, casi piedra.

Que ya sé,
que no soy más que otra sombra
resistiendo al viejo olmo,
otra sombra
que nunca quiso la inclemencia de las flores
ni la adherencia de su tallo.

Solo hablar,
realizar el sencillo, fluido acto
de mover los labios,
atrapar el sonido entre los dientes,
nada más.

Y sin embargo,
en este insecto deprimido
nadie quiere ser de carne.
La sangre de un extraño 
me empapa los tobillos.
Y aquí todas las manzanas se parecen,
pero ninguna se comprende.










domingo, 1 de febrero de 2015

Anisocoria



Si me acerco una bombilla al ojo
puedo ver mi iris
aclarándose.

Hay un humano dentro.

A mi alrededor
el mundo sigue siendo
el mismo.


          










sábado, 17 de enero de 2015

Un café y una manzana



"Y todo lo que la memoria más quiere
una vez fue nuestra única esperanza de ser,
y todo lo que la esperanza adoró y perdió
ya se ha convertido en memoria.
(...)
no podemos ser lo que recordamos,
ni nos atrevemos a pensar en lo que somos."
—Versos 5,6,7,8,11 y 12 de Estrofas para ponerle música (una de ellas). 
Lord Byron, Domestic pieces, 1816.


El bocado de apariencia eterna
que llamaron juventud
aún guarda un boceto tuyo
en su memoria.

Y pregunto, ¿hasta cuándo?
¿Dirás tú algún día
hasta aquí fui joven?
¿Sentarás tu cuerpo
ya domado en una nana
y cederás, por fin, a descansar?
¿Escucharás tú, niña enmohecida,
la confesión de tus manos?

Dime si acabará, tal vez,
la debilidad en tus piernas,
el mareante espejo.
Si regresará la sangre
por tu cara y por tu vientre.

Si volverás a ser mujer
antes de atravesarte
las clavículas, las caderas,
aún pensando:
tampoco ahora es suficiente.

Te pregunto a ti, desfasada larva,
¿Cuántos pelos más han de caer,
piel secarse, para aniquilar la raíz,
la extrema meta de tu mente?
¿Hasta cuándo arrastrarás
la idea yerma de la culpa?

¿Alimentarás, quizás,
el restringido campo,
tus barbechos,
sin excavar después
la tierra misma con tus dedos?

Dime cuándo mirarás
la erosión en tus nudillos
y gritarás hueso infértil,
si desecharás de tu centro
el fatigado ingenio de esconderte,
lo cambiarás por la derrota 
de tus síntomas.

Tan solo dime,
¿qué esperas conseguir
de la insaciable ruta de tu carne, 
tu lucha siempre insatisfecha?

Tú que te miraste a los ojos
y distinguiste: 
aquí no hay triunfo
salvo embrión enfermo,
¿en qué esforzado paso
te estancaste?

Pero qué inútil, niña errática,
preguntar por la estulticia de tu hambre,
qué inútil en el fondo.
¿Cómo encerrar en una línea 
lo que sigues viendo
y convencerte?









jueves, 15 de enero de 2015

Sumisión



Yo no permití a este día
mostrar su pálida mejilla sobre mi rostro,
no busqué el tacto frío de la tierra
como imán en mis talones.

Y sin embargo, sé,
donde nadie mira
también sigue habiendo mundo,
el carrete velado de nuestra memoria.

Yo no pedí incluirme
en el rumor absurdo de las calles,
pero sé, no es necesario
empujar al agua para que fluya.

Resisto por ineptitud, cariátide,
nunca quise consentir al sol
abrir simétricos sus pétalos
sobre mis párpados.

Y sin embargo, sucedo:
Me mantengo esfinge, 
apenas una ilusión sobre la piedra
y camino,

sin entender las horas,
sin abreviar la vida.
Tal vez existir solo sea
un disimulado acto de sumisión.










domingo, 11 de enero de 2015

Búsqueda



Busco.
Alguien aprieta un poco más la brida.
Y busco.
Hay un anzuelo anudado hacia dentro.

Mira, 
la brida deshilacha el esófago.

Hundo la caña hacia dentro,
sacudo el anzuelo, 
la caña, el hombre 
con la cabeza hacia dentro.

Alguien cambiará este mar 
por un cubo de agua sucia.

Si libertad es no oponerse
a la razón del plástico,
libertad es cubrir con brea
las ramas de mis bronquios.

Mira, el cielo se hace borroso 
dentro del agua.

No quiero flotar como pez muerto,
no quiero pájaro volando
ante el perdigón de un hombre.

Solo busco el blanco, puro blanco,
y la ausencia de su óbice.
Y desde este lugar privilegiado
poder observarlo todo.










miércoles, 7 de enero de 2015

el último Ártico


"por un minuto de vida breve     
única de ojos abiertos                   
por un minuto de ver                   
en el cerebro flores pequeñas       
danzando como palabras en la     
boca de un mudo"                          
—Árbol de Diana, 5
Alejandra Pizarnik

Ver amanecer tres veces
desde el tumor estático de mis pupilas.
Qué difícil mantener el cuerpo tibio
tendida sobre el Ártico.

No distinguir siquiera
la vigilancia circular del cuervo.

Qué respirar si el aire olvida,
si ya no hay ser, ente sintiente,
solo el húmedo envés de las vértebras,
la rigidez del músculo.

No alcanzo a ver al cuervo
que me devora las piernas.

Un pequeño diente es suficiente.
Una pestaña enterrada es suficiente.
Pero yo solo soy una mancha azul
tendida sobre el Ártico.

Al fondo de la luz apenas brilla
la insistencia de un graznido.
















lunes, 15 de diciembre de 2014

Palabras muertas


Las palabras llegan muertas
antes de ser dichas.
Madre, pobre madre.
Procesión de muerte mientras nacían:
una progenie: un cadáver.

Pero ¿qué fue de la madre, qué fue?
¿Quedó tal vez estriada su boca?
¿Le quedó quizás colgosa la mandíbula?

¿Quién piensa, a quién importa
si la madre aún llora, aún revive, 
si intenta agarrar el dedo y ve
la tercera vuelta de cordón, 
la cabeza morada de sus fonemas?

¿A quién importa la madre que entendió
la muerte mientras decía:
«soy madre»?

Una cruz pende sobre las letras.
¿Por qué no dejar el tiempo correr 
como se olvidan a veces los grifos abiertos?
Como el sopor del hambre
mete al insomnio en los ojos
abiertos, muy abiertos,
cuando pasan tres días y pone
una madre, de rodillas al suelo,
velando el polvo que fueron huesos, 
que fue carne,
que fueron sus grafías.

Madre, pobre madre, 
reza ahora.
Tú que habitas las gargantas de todos los     
                                                  [hombres.

Llora a veces,
presume a veces.

Todos los niños te nacen muertos.











martes, 2 de diciembre de 2014

Mundo rendido



Poetas que bañasteis vuestra frente en letras grandes y redondas 
hasta que os nacieron unos ojos, a los que os ha cegado la inútil 
visión de la desesperanza, yo os digo: 


El aire hincha la ropa tendida:
Pareciera que aún quedase alguien
con alguien dentro.

Vosotros,
que no salisteis al mundo
para recoger el fruto mudo de la tierra,
os habéis rendido.

Vosotros,
que no explorasteis el campo
para encontrar los charcos llenos de edificios,
os habéis rendido.

Los que amasteis en molinos y entre líneas,
que atasteis altavoces
a los picos de los pájaros,
que partisteis nueces preguntándoos
qué escondían.

Vosotros,
que os abristeis la cabeza
y sentasteis una manzana,
que adorasteis ciegamente
la honestidad de la manzana, que
cuando mordisteis la manzana,
no recordasteis su nombre.

Ahora os veo lánguidos como la ropa tendida
y pareciera que fueseis un muerto
con un muerto dentro.

Y yo quisiera despegar los pétalos
a todas las margaritas,
coser en el vértice de vuestras manos
el sol naciente de su centro.

Yo quisiera dibujaros jirafas en los dedos:
y que las estiraseis el cuello siempre,
y que saciarais su hambre siempre.

Y que no
os rindieseis,
nunca.











lunes, 3 de noviembre de 2014

Tierra


Nos está creciendo un bosque
entre los dedos:

Huele la tierra que nos cubrirá el rostro,
como hormigas rojas devorando
nuestros ojos midriáticos de culpa.

Inunda el bosque y su maleza:
Vamos a quedarnos quietos
y arrasados por la hierba.

Aquí, en el contingente de lagartos.
Aquí, donde la rabia nace
para anegarse en nuestras bocas.

No podemos frenar el bosque:
aprenderé entonces del entierro.

Así que entended por qué este aliento,
a qué este bosque:
Que a nadie importará que la tierra
nos esté cubriendo el rostro.










domingo, 2 de noviembre de 2014

Madre



Una mano busca y rompe el techo de tu boca.
Llevo un aborto incrustado en tu vientre,
madre.

Por eso lloro, 
por eso lloro.

Por no querer herirte, ser la rosada
línea que fracture tu hemisferio.
Sentir, no quiero ser la atravesada lengua,
las lagartijas mórbidas que te circundan,
madre.

No me concibas,
no me hagas tu mecer de cuna, verte
parir otro dormido.

Sentir, no quiero ser capa sintética,
ocultar el frío de nuestras pieles.

Madre,
no me tengas,
en esta posesión de objetos, esta
sociedad tuya que no llama,
quema retinas, madre,
no me tengas.

Si no tiendes a detener los hambrientos
labios de la náusea.
Si insistes en la pasividad de las ramas
que confían en sus raíces.
Si enredas su retorcido áspero
a tu corteza, tatúas
verde escama en el cerebro,
madre:

No me tengas.

Si seré
sinónimo.

Si seré
horizonte en las baldosas.

Tú serás,
madre.

La misma mujer sin brazos,
la misma madre que nunca
tuvo un hijo, amor
propio.











sábado, 1 de noviembre de 2014

Voces

Fotografía:  Nicole Minet (18 años). París, 19 de agosto de 1944.



Dirán que no fui fuerte,
que hui despavorida antes de levantar
la gran grieta allá en mi frente,
que me faltó sangre, dirán.

Sugerirán que soy débil

porque elegí seguirme,
que abandoné a las algas
amontonándose en las olas,
dirán.

Y no comprenderán
que yo quiera agua y quiera tierra,
que me guste sentir mis pies
enterrándose en la orilla
y dirán,
dirán que me rendí 
porque busqué el oxígeno.

Pero ahora, ahora comprendo
que hay más formas de alimentarse
que simplemente roer pan,
que se puede vivir sin la presbicia
de una secta.

Y me cuestionarán, pues
¿cómo se les ocurre a las alas
abandonar la colmena? 

         Dios mío, ¡es inconcebible!

Y volverán a llamarme débil.

Pero ¿qué me importa
la palabra que no entiende?
La hierba que nunca ha sido pisada,
tampoco cree en el pie del hombre.

Y es cierto,
ya no me entretengo
en limpiar de la boca
el carbón a los erizos,
ya no bombeo lagartijas
ni me venzo al as de vientos.

Pues si su ingenio es estático
y quieren contagiarme,
si con su hablar no pueden
liberar las palomas de los grillos,
entonces, ¿de qué me sirven?
Dirán, sí, dirán,
y derribaré sus palabras.

Aquí seré mi voz en este mundo:
el silencio donde sople y yo,
por fin, me habite.

 

 

 

 







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