Todo iba bien, entonces nací.
Pasé días infinitos
atrapada en ojos blancos
de cielos inundados de nieve,
crujiendo mandíbula al masticar
atrapada en ojos blancos
de cielos inundados de nieve,
crujiendo mandíbula al masticar
cuerpos muertos
y alas paralizadas de escarcha
que nunca supieron
que nunca supieron
para qué sirven.
Me dijeron:
La felicidad es como las estrellas.
Y es cierto:
ambos son conceptos inalcanzables.
Todo iba bien
y entonces me puse a mascar silencio.
El silencio sabe a no saber
cuántas horas le quedan
por lanzar a las esferas.
Silbo entre el frío y la rueda
y en idea estoy quieta,
pero en cuerpo sigo braceando
ahogada en burbujas que exudan
ansiedad en automático.
Dijeron:
La armonía siempre se fuga
de los huesos del agua.
Y es cierto:
La paz bucea a veces
tan tangible como el oxígeno.
Pero en el dolor no hay oxígeno
y el dolor
es lo único que tengo.
Todo iba bien
y apareció la atmósfera,
y la atmósfera
empezó a cuajar sobre los cuerpos blancos
y a echar raíces hasta secar
la flor vertiente de los almendros.
Y dijeron:
Al que cae se le difuminan los pasos
entre las líneas de los dedos.
Y es cierto.
Por eso el final del camino
se avanza siempre en solitario.
Y todo iba bien,
y entonces yo,
habitante del ser que se hunde
y algún día
será fulminado por el rayo.
He pasado días infinitos
serpenteando en los ojos blancos,
mascando alas de alfalfa
como una superstición
que tropieza enferma de sueños.
Ni siquiera me dejan desear
el cese del canto de las esferas.
Y tal vez algún día
haya ideas flotando en el agua.
Tal vez algún día se oxiden
los brazos mecánicos que me salpican.
Tal vez se escuche algo de silencio
desdibujando el final del camino.
Pero aún está helando
sobre las líneas de las manos
y ya ni siquiera soy capaz
de escuchar lo que siento.
Todo iba bien
cuando el almendro cuajó en flores
sobre la ausencia de los cuerpos.
Todo iba bien
cuando ya no quedó nada
con forma de ala o concepto
para tragar en la cima del silencio.
Los pétalos se derrumban.
Es cierto:
Yo nací, todo va bien.
Estoy sentada en el aún,
entre el entonces
y sobre el ahora de algún día,
dibujando un punto
con el trinar de las esferas,
sin llegar nunca a saber
de qué me sirvió esperar la paz
si solo me habita un camino
que fuga desde la cola de los rayos.


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