Aquellas imágenes
que disfrutabas deformando
han empezado
a perder el color
de tanto uso.
Mi yo huyendo
sobre tu mano,
mi yo rizado,
se reproduce ahora
en blanco y negro
desde las llagas,
y son solo un holograma
perdiendo efecto.
El nunca serás más que esto
que nevaba entre la ventisca
de tus labios, el sutil insecto
disparado a quemarropa
desde el altavoz de tu mirada,
todo eso,
ya no significa nada.
No voy a mentir,
no voy a decir que no te odio
o que hay paz en mí,
porque tú siempre le diste
esa textura a mi alma
de óleo maloliente y arrugado.
Después de todo,
fuiste tú quien siempre quiso
empujarme
a las zonas más turbias y negras
de mí misma ¿cierto?
A no distinguir el sol
del rayo y la lluvia,
a perder el juicio
y los paraguas.
Pero no sonrías tanto ¿quieres?
Que fui yo quien apuñaló la luz
de la madrugada,
que fui yo quien tomó fuerza
en la metamorfosis
que impusiste
hasta volverme más siniestra.
No fuerces tanto la comba
de tus labios ¿puedes?
Que fui yo quien ahorcó el frío
y se hizo cálida en la borrasca,
aunque no la entienda.
Ni siquiera intenté nunca
robarte nada,
ni siquiera me ha interesado jamás
superarte en nada,
solo compartimos
haber nacido de un mismo árbol
con muchas caras.
¿Qué sucede contigo,
entonces?
¿Qué te mostró
esa ilusión de amenaza
con la que me alumbraste?
¿Por qué me estás haciendo
todo esto?
He intentado decirlo
de una manera calmada,
pero voy a parar ahora
que he confesado
para que puedas soltarme,
porque fui yo quien asesinó la luz,
fui yo quien le pasó el puñal
por las esquinas
hasta desmigar el grito,
y solo entonces lo he entendido.
Que ya no necesito el perdón,
que ya no necesito
aceptar desproporcionadamente
un castigo.
¿Acaso sabes qué se ve
cuando se apuñala la luz,
acaso sabes cómo se acoge
la piel rasgada al frío?
He tratado de decírtelo,
que esta enfermedad no es mía,
que he brotado de la horca
desde donde la creaste
y ya no hay forma
de creerla.
¿Crees que todo esto
ha aparecido
desde detrás de la grieta,
que ha aparecido solo
por disparar
hacia el vendaje?
Puede
que aún la metralla
me esté afectando
la utilidad de las córneas,
puede
que aún no tolere
mi propia saliva,
pero creo
que cada cadena que fijaste
para aislarme de la vida,
cada grillete,
me permite estar ahora en pie
por mí misma,
incluso si ya no estoy sola.
Y pienso
que fuiste tú quien siempre
me hizo ver tan sola,
aunque nunca lo estuve.
¿Piensas que alguna vez
lo estuve?
No voy a decir que no te odio,
no voy a intentar mentirte
como si quisiera fingir
ser buena persona,
porque no sé si querría serlo.
Pero estoy matando
cada parte de mí
que fue tocada por tus manos,
estoy cortando la cabeza
de todas las heridas
que dejaste en las galeras
de la infancia,
y ya no sé
qué es lo que realmente
crees que soy,
pero tampoco soy tan mala.
¿Es frustrante para ti
no haber logrado lanzarme
al acantilado de la psicopatía?
Noté el filo de tus brazos
clavarse mientras lo intentabas.
Ya te dije:
que no sonrieras tanto,
yo tampoco
me estoy sintiendo bien,
porque jamás intenté demostrarte
ser mejor que esto,
porque jamás me ha interesado
hacerte daño,
solo quiero alejarme.
Y aunque estas cadenas
nunca podrán romperse,
aunque permanecerán ancladas
siempre al mismo árbol,
me siento libre.
Porque fui yo
quien apuñaló la luz
y desde entonces
no me afectas.