Hay una grieta que me mira
desde las paredes ventanales
de mi cuarto.
Y en el amanecer asoma
Y en el amanecer asoma
cada día
su cara al despertar:
su cara al despertar:
el sol y los vecinos.
«¿Por qué no la arreglas?»
Y yo a veces lo pienso
y lo olvido.
Porque hay una grieta que me roza
las mejillas
Y yo a veces me quedo muda
Y no la arreglo porque creo
Y en la grieta,
la voz que es suya
y atraviesa
como un silbido o una aurora
y se queda,
Y todas esas cosas importantes
«¿Por qué no la arreglas?»
—me dicen.
Y yo a veces lo pienso
y lo olvido.
Porque hay una grieta que me roza
las mejillas
en el frío blanco del invierno,
el cielo abierto del verano.
Y yo a veces me quedo muda
y observo
cómo le crecen las arrugas
cómo le crecen las arrugas
formando
de frente a boca su sonrisa.
Y no la arreglo porque creo
que es su mano la que entra,
y creo que es quien planta
un beso en mi mejilla,
y que ella deja
las sábanas calientes,
un rizo,
un buenos días.
y creo que es quien planta
un beso en mi mejilla,
y que ella deja
las sábanas calientes,
un rizo,
un buenos días.
Y en la grieta,
la voz que es suya
y atraviesa
como un silbido o una aurora
y se queda,
en idioma maternal
me dice:
me dice:
«Asegúrate que llevas
las llaves,
la cartera,
el móvil,
el amor…»
las llaves,
la cartera,
el móvil,
el amor…»
Y todas esas cosas importantes
que sin ti
con tanta frecuencia olvido.
con tanta frecuencia olvido.