“Las observaciones y vivencias del solitario taciturno son al mismo tiempo más confusas y más intensas que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves, más extraños y nunca exentos de cierto halo de tristeza. Ciertas imágenes e impresiones de las que sería fácil desprenderse con una mirada, una sonrisa o un intercambio de opiniones le preocupan más de lo debido, adquieren profundidad e importancia en su silencio y devienen vivencia, aventura, sentimiento. La soledad engendra lo original, lo audaz e inquietantemente bello: el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito”.

—La muerte en Venecia, Thomas Mann.

sábado, 24 de marzo de 2018

Pieles

A Gon.

Nacer primero
con un sol bajo los párpados,
cuando el misterio del mundo
no es más
que apreciar la materia
floreciente en nuestra mano:
conocer la palabra por el tacto.

La infancia para creer
que «lluvia» es «magia
que abre su cuerpo por el cielo»,
las hormigas que corren el «origen
para esparcir la voz sobre la tierra».

Y cuando al fin nos crece la palabra,
como pequeños embriones
que germinan entre el barro,
entender:

que aquella hormiga no dormía,
que no hay ojos para imitar la lluvia,
que no hay manos para abrazar
la vida.

Caemos,
frágiles como bruma
hasta encontrar
estrechas dobleces en el tiempo.
Y cuando la voz se nubla, imitar
la hierba que brota entre los charcos.

Y así es como voy a quererte:
en tu contacto y forma,
con la suavidad con que abrazamos
la honestidad de los gatos.

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