“Las observaciones y vivencias del solitario taciturno son al mismo tiempo más confusas y más intensas que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves, más extraños y nunca exentos de cierto halo de tristeza. Ciertas imágenes e impresiones de las que sería fácil desprenderse con una mirada, una sonrisa o un intercambio de opiniones le preocupan más de lo debido, adquieren profundidad e importancia en su silencio y devienen vivencia, aventura, sentimiento. La soledad engendra lo original, lo audaz e inquietantemente bello: el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito”.

—La muerte en Venecia, Thomas Mann.

sábado, 22 de marzo de 2014

yseguido.


qué vas a venir tú ahora a enseñarme cómo cortar la lengua a las mariposas
[muertas.  
cómo se retraen las lágrimas adheridas a la tráquea
o a danzar sobre tus uñas.

(si ni siquiera eres capaz de dejar que te humedezca la niebla).

qué vas a venir tú ahora a explicarme cómo tus quinientos hiroshimas.
tus mil y un nagasakis.
las nubes de hongo tatuadas en el pecho.

(si ni siquiera eres capaz de celebrar las orugas aplastadas en tu vientre).

qué vas a venir tú ahora a señalar cómo besar los párpados de niños
[decrépitos.          
adoctrinarme para descoser costillas.
o desmontar un precipicio.

(si hasta los acantilados saltan. cansados de tanto suicida).

qué vas a revelarme tú. 
cómo pretendes adiestrarme tú.

(si ni siquiera existe alguien que pueda aniquilar todo esto).


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